CU siempre ha dado la impresión de pertenecer a los "tipos con mallas", pues bien, esa afirmación es completamente érronea. El lema fundamental de nuestra web "dar cabida a todo tipo de creaciones artísticas con el fin de que tengan un lugar común en el que exponerlas". Y cuando hablamos de "todo tipo de creaciones artísticas" nos estamos refiriendo a ilustraciones, cómic de estilo europeo, relatos, cuentos, tiras cómicas, poesía y también... MANGA. De ahí que, para darle la importancia que se merece, hemos decidido crear una sección especial dentro del mundo de Cool Universe única y exclusivamente para todos aquellos mangakas que deseen exponer su trabajo en esta web. Así pues...
¡¡QUEDA INAUGURADA LA SECCIÓN MANGA!! (Ta-daaaaaa!!)
Y no sólo eso, sino que hay alguien a quien os queremos presentar. Sí, tú... pasa chico, pasa... señoras y señores... ¡¡Este es Kabuki!! Mascota oficial de la línea que ejercerá de logotipo de todas las publicaciones Manga que vayan apareciendo por el CU.
Creado por BRAM y SAMTRONIKA
Y hasta tiene su historia:
En el antiguo Japón...
Ginzo Amano era un elogiado actor que maravillaba a sus espectadores con su increíble capacidad para transformarse en multitud de personajes. Era tan soberbia su caracterización que te olvidabas de que era una representación y te creías inmerso en una realidad. Lógicamente usaba variados disfraces para dar forma al personaje pero era su cuerpo, que cambiaba de postura encorvándose cuando interpretaba a un anciano o adoptaba una pose solemne para dar vida a un general retirado, el que creaba la magia. A ello se le añadía un dominio prodigioso de su voz que sonaba grave y sibilina cuando se transformaba en villano, alegre y juguetona cuando era un niño e incluso suave y ligeramente aguda cuando se vestía de mujer. Vivía inmerso en la fama y el reconocimiento y su ego era casi tan grande como su talento. Continuamente apostaba con el resto de su compañía teatral que era capaz de seducir a cualquier mujer que se le pusiera por delante y hay que decir que no mentía. Desde la joven inexperta que ansía su primer amor hasta la madura que había enviudado recientemente, todas caían bajo su embrujo. Interpretaba a la perfección al galán que cada una de ellas ansiaba, desde el pícaro de vida aventurera hasta el respetable hombre de negocios, todos eran fachada, ninguno era real pero con su habilidad para hacerlos creíbles lograba enamorarlas para dejarlas luego olvidadas con el corazón roto. Él simplemente buscaba ganar la apuesta. Ginzo vivía totalmente despreocupado de las consecuencias de sus hazañas amorosas hasta que la conoció a ella... La dama Satsu.
La dama Satsu era la arpista más excepcional de todo Japón, se decía que sus dedos podían recorrer el arpa con la caricia más cautivadora y a la vez como el látigo más veloz. Ginzo había oído que le estaba robando los espectadores. ¿Cómo era posible?. Él era la estrella, no podía dejar que nadie le hiciera sombra. Iría a verla. Observaría la actuación de esa advenediza y la estudiaría para poder ridiculizarla luego en su propio espectáculo. Esos eran sus planes, sin embargo, cuando La dama Satsu salió al escenario se quedó tan absorto como el resto del público. Las notas que surgían de su arpa eran tan bellas como bella era ella misma. Si su música seducía, más lo hacían sus finas y delicadas facciones. Era, con total seguridad, la mujer más bella que había visto en toda su vida. Una delicada flor que había de ser suya, una anotación más en su lista de conquistas. Quizá a ella la cortejase más tiempo que al resto, a fin de cuentas las otras ni siquiera podían osar compararse a Satsu. Nuevamente apostó con el resto del elenco que su última pieza iba a ser cazada. Fue a ver el espectáculo día tras día y tras cada actuación ordenaba entregar a la artista un ramo de rosas blancas. Sin remite, sin señal alguna de quien las enviaba. Satsu pronto se sintió intrigada ante aquel desconocido que quería permanecer en el anonimato. La primera parte del plan de Ginzo había funcionado a la perfección. El actor era consciente de que si simplemente se hubiera presentado ante la arpista para elogiar su arte, ella lo hubiera considerado un seguidor más, no distinto al resto, actuando sin embargo de esa manera había marcado las diferencias, hasta tal punto que fue La dama Satsu quien pidió conocerle. Ginzo se empleó a fondo en su primer encuentro, se mostró más encantador de lo que nunca había sido antes y lo que en principio iba a ser una mera entrevista se convirtió en la promesa de un segundo encuentro y hubo un tercero, y un cuarto, un quinto... La había conquistado y, como ocurriera con el resto de sus queridas, la dejó cuando ella le confesó que lo amaba. El teatro en el que actuaba La dama Satsu colgó un cartel explicando que hasta nuevo aviso no habría más funciones debido a una indisposición de la artista.
Pasaron unos días y todo volvió a la normalidad, al menos a la normalidad de Ginzo. Nuevamente él era la única estrella. Nuevamente sus funciones se llenaban a rebosar y el público vibraba con sus interpretaciones. Podría ser un hombre vil y sin corazón pero sobre el escenario nadie ponía en duda su arte. Una noche, al llegar a su camerino, comenzó a desmaquillarse como acostumbraba hasta que se percató de que alguien había dejado una rosa blanca en un lateral de la mesa. Al cogerla se pinchó con una espina y perdió el conocimiento. Cuando despertó estaba embozado y atado a una silla. Frente a él se encontraba La Dama Satsu, más hermosa que nunca y también más peligrosa. En ese momento Ginzo temió por su vida. La dama Satsu vio el miedo en sus ojos pero como si hubiera oído el pensamiento no expresado del hombre le tranquilizó:
- Morirás algún día, como todo ser humano, pero no será hoy ni será por mi mano. Solamente he querido traerte mi última canción como obsequio, en recuerdo de los momentos vividos.
Sin decir más, la bella mujer cogió su arpa y empezó a tocar y a cantar con su melodiosa voz. Era, curiosamente, una partitura alegre, como un cuento infantil. Hablaba de un gato travieso que iba de falda en falda, dejándose acariciar a conveniencia, dando cariño cuando buscaba que le pusieran comida en el plato pero que se tornaba arisco y bufaba si las cosas no se hacían a su manera. Ginzo hasta se hubiera reído con la canción si estuviera en otra situación pero su preocupación en aquellos momentos era tratar de escapar de esa loca que estaba cantándole. Sin saber muy bien cómo sucedía, pues apenas había comenzado a removerse tras recuperar la consciencia, notó que sus ataduras se estaban aflojando solas, sin que él las ayudara, hasta el pañuelo que le oprimía la boca se le bajaba poco a poco. La dama Satsu podía ser una magnífica arpista pero no parecía saber cómo atar a alguien, pensó risueño. Se decidió a mirar por última vez a la mujer antes de lograr soltarse del todo y se percató de que algo extraño sucedía. La habitación y hasta la propia Satsu parecían haber crecido, se estaban agigantando poco a poco ante sus asombrados ojos. Se dio cuenta de lo que sucedía cuando se le aflojaron del todo las cuerdas. No era su alrededor lo que se agigantaba, era él quien estaba menguando... y transformándose en algo distinto. Esa maldita mujer lo había hechizado con su canción, no quedaba otra explicación: ¡Era una bruja! Y él se estaba transformando en gato. Fuera hombre o felino el instinto de supervivencia de Ginzo se sobrepuso al terror que le embriagaba e hizo que tratase de escapar. La puerta estaba cerrada pero tal vez podía haber algún hueco por el que meterse, un agujero por el que salir al exterior, sin embargo, antes de que pudiera siquiera pensar qué hacer, La dama Satsu dejó de tocar, se arrancó un único pelo de su larga cabellera y ató mágicamente con él a Ginzo como si llevara una resistente correa al cuello. En ese instante Ginzo, antes hombre y ahora gato, perdió todo recuerdo de su vida anterior, de sus éxitos como actor, de sus conquistas amorosas, tan sólo podía pensar en un enorme cuenco repleto de rica leche.
- Ginzo Amano no me parece un nombre apropiado para un gato - dijo La Dama Satsu sonriendo al animal - Te llamaré como ese teatro que tanto amaste y del que fuiste máxima estrella. A partir de ahora tu nombre será Kabuki.
Y dicho esto, el arpa, el gato y su ama desaparecieron del lugar como si nunca antes hubieran estado allí.
(Por BRAM)
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